
Viajan los colores sobre nuestras cabezas
se filtran en las prendas
nos llenan los ojos
silabean el color del aire
resaltan y te elevan en sus coqueteos
muchacha colorida

a la fuerza de mi pie, me puse en marcha. 5 km de vuelta a casa, no sé cuántos minutos andando y no sé cuántos pensamientos ¿por qué es tan distinto el mismo camino al ir y al volver? ¿Qué hará el grillo que canta y no encuentra pareja? El cuerpo humano... tan perfecto como es y tan frágil. La muerte es incesante. ¿Dónde están las estrellas del cielo negro?
ermo con la mano de mi sobrino agarrada a la mía en las tardes de siesta para que pueda conciliar el sueño, que sienta un pedazo de carne caliente cerca de sí y dejar de refunfuñar, al igual que yo hace años sentía la necesidad de agarrar la mano de mi madre haciéndole pasar noches frías e incómodas.
dulzura, el olor a cloro con los ojos rojos, las noches de ronda y el sudor por la espalda.
Se habla de la hipocresía… “Odio la hipocresía y las personas hipócritas…” y después de ver que cada menos de 1 minuto en Sudáfrica una chica es violada (no sé qué forma tendrán de contarlas) se pasa a que fulanito de tal dice que es homosexual… qué pasmosa facilidad para cambiar de la indignación a la benevolencia, del pasotismo a la empatía.
conserva en determinada parte de Colombia, que supe de alguien que cambiaba las lágrimas por sonrisas, de las carcajadas que me arrancaba la chica que hablaba gadi-italo-inglés, del absurdo de un taller de percusión al lado de la biblioteca.
Si bien Londres es un trampolín para poder viajar sin mesura también ofrece posibilidades infinitas para que el aburrimiento se quede solo. Imagináos un parque de atracciones con el aforo grosso modo de doce millones de personas. Lo tienes de dos tipos: acuático o seco, pudiendo ser en un mismo día de los dos, según le plazca al "Señor" organizador.
En un día normal sin trabajo puedes ir a cualquier museo, te puedes perder por las calles retuertas con la seguridad de que llegarás a un sitio y darte cuenta que ninguna de las calles es predecible (¿qué fue de la línea recta?), también es común maravillarse con lo mal conductores que son los ingleses (no todos) aunque es
o sí, aún no me han pitado yendo en bici. Un recorrido en bus en la planta alta por Oxford Street es como un circuito por todas las razas habidas y por haber, observando comportamientos, risas, músicos callejeros, tiendas en ebullición y las luchas de amagos y esquivos que hacen los peatones en los pasos de cebra, humanidad privilegiada. Mirar las casas y los coches de barrios como Hampstead, Maida Vale o Kensington te sitúan en la "modestia" en la que vivimos la mayoría de los europeos.
Mi gran sorpresa fue el canal que recorre todo hasta Canary Wharf, en muchas zonas está sembrado de botes donde hay gente que hace vida allí. Pedalear por su rivera de noche con Jazz saliendo de los bares, gente ofreciéndote una “cup of tea” y alentándote “run like the wind”... enamora. Y rincones y rincones hasta el infinito.
Los espacios que cada parque tiene para las flores, la lectura y el sosiego son detalles de esquisitez. Las canchas de tenis, los campos de mini golf, las zonas salvajes... ver el Estadio de Wembley a lo lejos...
Y mi buhardilla azul, con mi velero, guitarra, patines, sus ventanas mirando al cielo por donde se pasean aviones hacia Heathrow, y la lluvia relajante, y el sol entre las casas.