Si bien Londres es un trampolín para poder viajar sin mesura también ofrece posibilidades infinitas para que el aburrimiento se quede solo. Imagináos un parque de atracciones con el aforo grosso modo de doce millones de personas. Lo tienes de dos tipos: acuático o seco, pudiendo ser en un mismo día de los dos, según le plazca al "Señor" organizador.
En un día normal sin trabajo puedes ir a cualquier museo, te puedes perder por las calles retuertas con la seguridad de que llegarás a un sitio y darte cuenta que ninguna de las calles es predecible (¿qué fue de la línea recta?), también es común maravillarse con lo mal conductores que son los ingleses (no todos) aunque eso sí, aún no me han pitado yendo en bici. Un recorrido en bus en la planta alta por Oxford Street es como un circuito por todas las razas habidas y por haber, observando comportamientos, risas, músicos callejeros, tiendas en ebullición y las luchas de amagos y esquivos que hacen los peatones en los pasos de cebra, humanidad privilegiada. Mirar las casas y los coches de barrios como Hampstead, Maida Vale o Kensington te sitúan en la "modestia" en la que vivimos la mayoría de los europeos.
Mi gran sorpresa fue el canal que recorre todo hasta Canary Wharf, en muchas zonas está sembrado de botes donde hay gente que hace vida allí. Pedalear por su rivera de noche con Jazz saliendo de los bares, gente ofreciéndote una “cup of tea” y alentándote “run like the wind”... enamora. Y rincones y rincones hasta el infinito.
Los espacios que cada parque tiene para las flores, la lectura y el sosiego son detalles de esquisitez. Las canchas de tenis, los campos de mini golf, las zonas salvajes... ver el Estadio de Wembley a lo lejos...
Y mi buhardilla azul, con mi velero, guitarra, patines, sus ventanas mirando al cielo por donde se pasean aviones hacia Heathrow, y la lluvia relajante, y el sol entre las casas.
Despedimos el último año bisiesto de esta década para afrontar nuevas experiencias y con las ganas de no dejar de vivir. Y es que parece que hasta que no se huelen las flores de los almendros uno no empieza a regocijarse en lo cotidiano del sol en la cara... año nuevo debería ser el primer día de la primavera.
Os hablaré de la ciudad que se me ha llevado el corazón y es que algo tan sublime no deja indiferente a nadie (no soy el único que opina así).
Llegamos en una fría noche (estoy ya lo he vivido...) del aeropuerto de Vasteras y al momento nos sentimos abrigados por la gentileza sueca, no se puede ser más amable, detallista, y bien educado y es que en los veinte minutos de la estación de autobuses al hostal se pararon por iniciativa propia cinco personas para ayudarnos con las direcciones, los últimos hasta nos acompañaron andando. Justo al lado del hostal había un bar de tapas y es que sí señores y señoritas en Suecia nos quieren aunque no entendían muy bien eso de querer ir a pasar frío. El primer sitio emblemático que vimos fue el precioso Ayuntamiento, recio con su torre y su historia de personalidades ilustres que gracias al visionario Nobel pasan por allí por darles vueltas al magín. Y comenzamos a pasar por puentes, porque eso sí... hay islitas a tutiplén. Visitamos la parte antigua con su Palacio Real, sus callejuelas, sus cuestas, edificios coloridos, la parafernalia de los cambios de guardia (que no falte) y hablamos con unos yanquis que estudiaban en Barcelona. Nos dirigimos a la plaza principal y es curiosa porque tiene como una especie de subterráneo con metro y centro comercial (supongo que es como Montreal pero en pequeño), tengo que destacar la casa de la cultura (KULTURHUSET) que permite hacer manualidades como estampar tu propia camiseta, hacerte tus chapas... tiene una exposición de fotos y cuadros, cafetería... todo para pasar una buena tarde. De vuelta a "casa" vimos un espectáculo y es que definitivamente las ciudades con ríos o lagos están tocados por la magia del resplandor. Por la noche en el hostal muuuuuuuy acogedor, limpio y cómodo (Lodge32 lo aconsejo), se juntaron una pareja de franceses, otra pareja de polacos, otra pareja de turcos para mojarles las orejas jugando a las cartas (suerte del principiante), y de los turcos viene el plan para un futuro viaje a Estambul.
El segundo día visitamos la isla de Sodermalm que es donde está la zona de tiendas, bares, algún que otro parque y hay unas especies de chalés en miniatura al lado de un embarcadero (todo muy bucólico). Recorrer la parte sur de la isla nos llevó toda la tarde pero la sensación de andar por encima de agua congelada y sentir cómo se resquebraja ufffffffff súbito (me gusta esta palabra), también decir que nos sentamos tranquilamente a ver ponerse el sol. De vuelta de salir a correr entablamos conversación con Sophie una chica australiana que trabajaba para irse sola a viajar... ¡¡¡a la hora que le fui a preguntar que dónde había estado!!! yo sólo escuchaba "I´ve been to Malasia...I´ve been to China... I´ve been to Egipto... I´ve been ...I´ve been ...I´ve been..." así veinte minutos enfrente de un mapa del mundo.
El día siguiente salimos a correr por la nieve (y es que ya sólo falta correr en el desierto), fuimos a lo largo de la avenida Stranvagen que también es un puerto, pasamos la zona de las embajadas y llegamos a Lidovagen un parque-bosque laaaaaaaaaargo largo. Los suecos son gente que se cuida, van en bici (aunque con carriles bicis como esos cómo no) salen a correr, van andando a los sitios... de ahí los tipazos que tienen, porque sí, LAS SUECAS SON GUAPÍSIMAS, lo corroboro. Por la tarde noche comenzó mi odisea particular, le dí el mapa a Juanvi para que pudiera llegar a casa y el que se perdió fui yo. Fui al parque Skansen y pensando que todas las islas estaban comunicadas empecé a andar y al final casi acabo dando la vuelta a la isla. Me valió para ver el Circus (teatro) y el parque de atracciones (es triste ver un parque de atracciones cerrado).
El "último día" fuimos a lo que ya es un mero trámite... fare il bagno in acqua congelati (esta vez sí que estaba CONGELADA), nos costó un buen rato encontrar un sitio donde no hubiera hielo pero lo encontramos... al ladito de Af Chapman (velero). Recogimos las cosas para tomar el vuelo de la tarde y ¡¡¡SORPRESA!!! los aeropuertos de Londres cerrados por la mayor nevada de los últimos veinte años. Gracias a otros españoles que conocimos en el hostal fuimos a otro aeropuerto (Skavsta) pero sin tener la certeza de que pudiéramos coger un vuelo el mismo día o el día siguiente... si te paras mueres (como los tiburones). Después de una noche durmiendo "a la china" volamos al mediodía sobre una Bretaña blanquita blanquita.
Recuerdos a Valeriano... un alicantino dueño de una zapatería y que lleva treinta años viviendo en Suecia y también a Victoria... que nos regaló unos sobres de un sucedáneo al Cola Cao.
Este es el vídeo resumen del viaje y aunque parezcamos "super guays de la muerte" no lo somos... el mérito lo tiene Juanvi montando vídeos (se te echa de menos un montón) .
La canción de esta entrada es un poco ñoña pero me encanta.
Besitos chiquititos, chiquititos, abracitos flojitos flojitos y una despedida entrañable de Juan Diego Cotilla, siempre te recordaremos
Cinco personas no cualquiera, sino de Almendralejo, tuvieron el coraje de volar hacia tierras inhóspitas ajenas al frío que iban a pasar (dentro y fuera de sus casas). Mi impresión al verlos fue... ¡Qué hacen estos del pueblo aquí! pero cuando sentí sus abrazos y ese "deje" tan peculiar diciéndome al oído... "¿Qué haces Pit? te echamos de menos cabrón..." me sentí la persona más importante del mundo. Y allí nos imagináis, de camino a los alojamientos, hablando de que las calles son como en las películas y que no nos acordábamos ni papa del inglés.
Después de desayunar (ya sabéis alubias con tostadas y esas cosas...) y a duras penas ser entendidos por una camarera que a la postre resultó ser muy viva, empezó la semana más extenuante que he vivido. Andar y ver y frío y reir... y andar y ver y frío y reir... cuando "n" tiende a infinito, y qué decir de las interminables colas. En resumidas cuentas esa fue la semana, ¡ah! y que no se me olvide lo de dormir como mucho 5 horas. Pero vayamos al meollo, a las pequeñas cosas y comentarios que hacen de un viaje normal algo memorable como por ejemplo la espectacular 5 de la tarde en en la sala de los relojes del Museo Nacional Británico... menudo (des-) concierto de relojes todos puntuales y puestos en hora (que no a la misma), si mi ironía no se ha notado... sólo 2 de los veintitantos relojes que había en esa sala estaban puestos en hora y lo que se suponía iba a ser algo digno del MUSEO NACIONAL BRITÁNICO quedó en unas risas (sí de los de Almendralejo). No se me puede olvidar el Gran Monumento que había en este museo dando publicidad a Babilonia (figissima). O la vez que uno intentó abrir la verja del Palacio de Buckingham con la llave de su casa, o la vez que un@ "chic@" muy voluptuos@ le entró por el ojo a uno de mis compañeros en Café de Paris (discoteca), o la vez que le dijo una chica de color (ésta sí era mujer...) a unos de mis compis que dejara de ver el escaparate y comprara de una vez (en el sentido figurado pero no literalmente...) en la misma discoteca, o la vez que en busca de una pizzería recorrimos toooooooooooodo Notting Hill incluido Portobello (después de seguir las instrucciones de un inglés dadas a un español sin idea de qué es right ni left), o la vez que también tras mucho andar nos encontramos con el bar más antiguo de Londres cerrado (Ye Olde Chesire Cheese), o la vez que entramos en el Lillywhites y todo era tan barato que alguno no se decidió qué comprar, o la vez que uno acostumbrado a tanta opulencia dijo que el Harrods no era para tanto, o la vez que tras ir a la Fabric y a la Pacha y encontrárnoslas cerradas acabamos en el paraiso carnal. Aparte de esto eché en falta a gente que estaba sufriendo las consecuencias del riguroso frío inglés. También tendría algunas perlitas para el hideputa que nos alquiló una habitación... pero no se merece ni estas palabras.
¿Las uvas en Trafalgar Square? ¿y por qué no? Sólo se necesitaban uvas y unos litros de calimocho para regar la entrada del Año Nuevo ¡ah! perdón perdón y un reloj al fondo de una calle que no recuerdo muy bien su nombre.... el gran Ben o algo así. Que la estación de metro de Westminster estuviera cerrada ya daba una idea de que algo gordo pasaba, impresionante... todo todo todo estaba plagado de gente, miraras por donde miraras gente y más gente y ¿dónde fuimos a parar? pues cómo no al lado de gente de Antequera, Barcelona y Galicia, mis primeras navidades fuera de España pero rodeado de españoles. Decir que la alegría española sobresalía de entre todas (paradójico si se mira que estábamos en el sitio donde se conmemora la mayor derrota española de la historia). El resto de la noche fue echarnos fotos con los policías, ver cómo los policías cogían a los malos, ver cómo los policías separaban a la gente de una pelea, ver cómo los policías atendían a gente muy tomada, hacernos socios de un casino y finalmente acabar el en Cheers de Picadilly.
Antes de toda esta marabunta y ajetreo pasé las Navidades más memorables que creo jamás tendré. La familia inglesa con la que vivo se portó, me invitó a la cena de Navidad y al Boxing Day haciéndome sentir como uno más.
Aunque estemos ya metidos en el año pienso sobre el 2008 y todas las cosas que saco son positivas, tuve una sobrina preciosa, me enamoré, saqué la carrera, saqué la escuela de idiomas en inglés, me dieron la beca que toda la vida deseé, conocí a gente que merece la pena y sobre todo a los que considero mis amigos los sigo sintiendo a mi lado. Alguna vez leí que un buen acicate para conseguir lo que uno se propone es decirlo a la gente (de esta manera el sentimiento de "culpa" es mayor si no se cumple lo propuesto) y mis propósitos son dos: ser bueno con la guitarra y ser bueno en mi trabajo. La canción de estas Navidades fue sin duda Hallelujah de Jeff Buckley pero le debo esta a alguien , por cierto me parece muy injusto que yo os cuente cosas y vosotros a mí no... con un "Hola, estoy bien..." me basta.
Ya llegó el solsticio y queda menos para que las petunias nos regalen su color (...lo deseaban tanto...). Se aprecia más la luz del día cuando a las 1600 (así ponen la hora en Noruega) es de noche y uno se asombra cuando millones de habitantes viven en penumbras durante gran parte del año ¿qué hacen cuando se va el sol? ¿qué hacen con tanto frío?... será acostumbrarse.
Si alguien quiere un novi@ modelo que vaya a Oslo, están cortados por el mismo patrón, elegantes a la par de sobrios, rubios o morenos con ojos claros, mofletes sonrosados (tan graciosos ellos jajaaaaaa) vamos... que casi nos tienen que poner collarín de tanta niña guapa que vimos y por cierto creo que sin muchos problemas de dinero porque son unos de los mayores exportadores de petróleo del mundo.
Primer día... después de una noche en vela (es lo que tiene salir a las 6 de la mañana) y de alguna que otra cabezada en el vuelo nos despertó un sol radiante encima de las nubes, poco tiempo duró porque al bajar por debajo de éstas la luz apenas llegaba pero ¡¡¡SORPRESA!!! asombrados nos quedamos de tanto blanco, todo era blanco, los caminos blancos, la pista de aterrizaje blanca, tejados blancos, los árboles blancos (excepto los que no tenían hojas). Y claro todo tan blanco y a esas latitudes (es que he estado tan cerca de la noche eterna...) tiene sus consecuencias... salimos del avión y nos c*gamos en tó. Un viento como cuchillas nos dio la bienvenida a la tierra de los vikingos (dicen que los primeros descubridores de América...). Cogimos el autobus hacia Oslo y venga a echar fotos y más de lo mismo blanco, blanco... y no os creáis que el autobus iba despacio por mucha nieve que hubiera (me río de lo que pasa en España). Llegamos a la estación central de autobuses y nos sacamos el bono por un día de todos los transportes (bus y tranvía), cuando salimos de allí era todo como muy futurista (mi impresión), edificios acristalados, pasarelas de peatones por encima de la carretera, y ni pizca de nieve sólo la poca que nos caía en ese momento, tomamos el urbano hasta Anker Hostel (nos atendió un chico bastante agradable que hablaba español porque había vivido en Barcelona), dejamos las cosas y decidimos aprovechar el bono y la poca luz del día para ir a ver las cosas más "distantes". Acabamos en Vigelandsparken, un parque singular por sus esculturas humanas, y lo mejor de todas ellas (como me comentó mi compañero de fatigas Juanvi) es que eran cuerpos normales, con poses cotidianas (no todas) pero muy expresivas, me encantó, cada rincón tenía algo personal que me hubiera hecho quedarme horas allí si no hiciera el frío que hacía (a partir de ahora el que me diga que si te abrigas bien se te quita el frío me reiré). Llegamos a la habitación del hostal (una de 6 camas para nosotros 2) y estaba bastante bien para ser el sitio más económico de Oslo. Comimos y nos echamos un rato porque estábamos muertos y queríamos ver la marcha. Después de hacer el loco para entrar en calor (Shhhh no le digas a nadie lo del video Juanvi jajaaaaa), pasamos por un teatro donde había un concierto y preguntamos a la de la ventanilla que dónde estaba la zona de marcha, muy simpática ella nos dijo que en la calle Karl Johans Gate. Nos fuimos como dos polillas en busca de unos focos (de esos como cuando llaman a Batman) y... ¿qué pasó?... pues nada, los 25€ que costaba la entrada para la disco un jueves se salía por completo de nuestros escasos fondos así que nos quedamos un ratino fuera viendo a las niñas que entraban engalanadas con sus vestiditos a -10ºC ( ¡¡¡LA VIRGEN!!! ¿QUÉ COMEN PARA NO TENER FRÍO?). En el regreso del autobús nos encontramos con la chica de la ventanilla (en una capital de país con 500.000 habitantes tampoco es mucha coincidencia), nos saludó y nos preguntó que dónde habíamos ido, le dijimos que a ningún sitio que todo era muy caro y se nos quedó mirando y sonriendo...como diciendo... pobrecillos, jajaaaaaaaa.
Segundo día... dispuestos a caminar como nunca, nos levantamos con Andy y Lucas del móvil de mi compi (me acordé del concierto de Almendralejo del verano pasado). Después de echar unos futbolines salimos en busca del puerto (para localizar el sitio de nuestra pequeña hazaña). Llegamos a la Operaen de Oslo que es como un iceberg de mármol con una arquitectura por fuera ruda y cortante pero por dentro suave y acogedora, impresionante. ¡Por fín! ya encontramos el sitio para hacer lo que iba a hacer a este viaje memorable, el puerto de Oslo. Al lado se encuentra la fortaleza de Akershus donde vimos a los típicos soldaditos de plomo (pero de carne y hueso) haciendo guardia "parriba y pabajo" (¿cuántas mangas tendrían puestas?), tenía el regusto de estar en Transilvania y desde lo alto queda una vista preciosa de la bahía. Pasamos por el ENORME Ayuntamiento (¿cuánto tardarían en poner tanto ladrillo visto?) donde se entrega el Nobel de la Paz, el parque Spikersuppa donde había una pista de patinaje (ahí la noche anterior me dí un culazo terrible porque había una placa de hielo que no ví, qué partón de reir... Juanvi me dijo "De repente miré para atrás pero no estabas...estabas tirado en el suelo"), y como está todo tan recogidito vimos el Teatro Nacional, la Universidad, el Parlamento y el Palacio Real. Y qué es Oslo sin su "Grito", pues allí que fuimos, a la Galería Nacional, sinceramente hay cosas que nunca entenderé, vale que Edvard Munch se adelantara a su tiempo y fuese un visionario pero realmente ¿tantos millones vale un cuadro?, vimos un autoretrato de Van Gogh, una pintura de El Greco y la que más me gustó fue una que aparecían unos niños y unas mujeres pidiendo pan en una calle nevada (llevo 2 horas buscando por internet pero no sé ni cómo se llama, ni el autor). De recogida nos encontramos en el cuarto a una pareja de Irlandeses que cuando les hablábamos tenían como miedo y una chica alemana muy simpática (hablaba un poco español y muy bien italiano) que había quedado con su novio noruego en Oslo (el novio vivía por encima del círculo polar ártico... para que digan que las distancias rompen las parejas). Volvimos a salir por la noche, nos tomamos algo en un bar, vimos que también había bastante mezcolanza de razas..., hice el pino y para el albergue. Cuando llegamos había un grupo de españoles Erasmus que salían en ese momento, y no había ninguno de Almendralejo (me extrañé) pero el padre de uno de ellos era de un pueblo cerca de Don Benito (uinnn casi).
Tercer día... nos levantamos a las 8 de la mañana, nos vestimos (malla de correr + vaqueros + 3 mangas + polar + 3 pares de calcetines + bufanda + abrigo + guantes + gorro + toalla + calzoncillos de muda + cámara, TARA: 70 KG, CARGA ÚTIL: 690 KG jajaaaaaa). Ya estaba hecho... desde el momento en que dije que me bañaría ya estaba hecho (solo dudé si el mar no estaría congelado), allí estábamos... uno de Mengíbar (triatleta de una raza superior similar a los espartanos) y otro hijo adoptivo de Almendralejo, con los copos cayéndonos en una piel indefensa y acostumbrada a la calor que rige en el sur de España... intenso, frío, doloroso, frío, insensato, frío, sensitivo, frío, FRÍOOOOOOOOOOOOOOOO... Una vez que pasó y te ves vestido, una vez que te empiezas a sentir los pies y el aliento se calma, dices... "se acabó... tampoco fue para tanto, me he bañado en el Mar del Norte en pleno invierno, ¡¡¡LO HICE!!!", encierran muchas cosas esas dos palabras. Corrimos hasta el albergue para entrar en calor y nos echamos otros futbolines. Aquí está el video del baño si me quieres ver en calzonas.
La vuelta a Londres no sería nada fuera de lo normal si no hubiera visto la luna llena más hermosa que alguien se pueda imaginar, por mucho que describa no se puede.
Y la canción por supuesto no debe faltar... un puerto... una bahía (fiordo)... soul del bueno... fácil ¿no?
El primero de esos días fue cuando te conocí... a ti conciertos inesperados en un aparente lunes aburridísimo, pero solo en apariencia porque está comprobado que hay diversión cualquier día del año y sorpresas en cualquier rincón donde haya alguien informado. Y es así si se sale de casa a "encontrarse" con lo que te ofrece la vida y estar dispuesto a decir SÍ ME APUNTO, de este modo después de pasar una mañana sin mucho que contar me fui a La Casa Latina a ver a mis compañeros de trabajo (y a hablar con mi abuela...) y cuando todos excepto 2 se fueron, mi tutor ("el informado") nos propuso ir a un concierto de Franz Ferdinand (¿quién? http://es.wikipedia.org/wiki/Franz_Ferdinand, para resumir un grupo MOLÓN del que había escuchado una única canción). Llegamos a la cola y habría unas 50 personas antes de nosotros... fríoooo, llovizna, un viento de esos que te enfrían los pies con un soplido, hambre de esa que te hacer ver turbio... pero teníamos la idea de conforme compráramos las entradas ir a comer. Cuando finalmente entramos a "The End" nos dijeron que no podíamos salir (otro absurdo de los muchos que tienen los ingleses), pero afortunadamente uno de los cuatro que estábamos se salio a fumar un cigarro e hizo un trato con el portero... "Te dejo salir a comprar comida si me traes un chocolate caliente..." no se habló más, en seguida fue a un turco a comprar unos kebaps (o como se diga) y un chocolate caliente para el portero. Por mucho frío que hiciera y aunque pareciéramos mendigos comiendo encima de unos palés aquella comida nos dio la vida. Entramos de nuevo en el bar y rodeados de "Petes Doherties" y gente "IN" (es decir "pintas") esperamos a que empezara el concierto. ¿EL CONCIERTO?... sin palabras, guitarras a saco y la voz del cantante que se salía (no es Enrique Iglesias en directo...), con tanto salto acabó el concierto pero no la noche. Bajamos a la pista de baile (algo así como una especie de túnel de metro con humo y luces de esas que parece que te has tomado unas pocas de pastillas de lo mareado que acabas) a seguir quemando las papas fritas y los kebaps bailando estilo intro de la peli Blade (obviando la sangre claro... jaja). A las 4 llegué a casa y el día siguiente a trabajar como un campeón...
El segundo de esos días fue justo el que te perdí... KOKO llegaste y te fuiste, yo quería haber estado más tiempo contigo pero al final una de seguridad con voz de tío me obligó a apartarme de ti con un "GET OUT". Tú que tanto me recordabas al Gran Teatro de Cáceres pero más bella y tus cuatro plantas llenas de gente, tu enorme bola de espejos, tu música cañera que me hizo moverme como un tonto desatado. A Dios pongo por testigo que volveré a ti para así encontrarme con Amy Winehouse y su afición a las rayas (del ojo... no penséis mal...) y volver a gozar de ti cuantas veces me permita mi visa electrón...
El tercero de esos días fue cuando al sol vi venir... aproveché que hizo un día de sol para visitar Londres (de día) y acabar con los pies doloridos de caminar (Andalón al ataque...), pero más que en Londres parecía que estaba en Madrid porque por todos sitios escuchaba... "Ahora vamos al..." "Es mejor ir por..." "¿Dónde vamos a comer?" y es que muchos han aprovechado el puente de la Inmaculada para pasear su idiosincrasia española por estos lares y no han podido venir en mejor día. Hablé con gente de Murcia, Córdoba, Galicia... (esta costumbre de hablar con extraños... DEJA DE HACER LOCURAS PETER... me dice el subconsciente... pero ya sabéis de mi impulsividad jaja). El caso es que salí equipado con bocadillos de jamón (se me caían las lágrimas de lo bueno que estaban comiéndomelos al lado del Tower Bridge) una bufanda, guantes, abrigo y unos zapatos cómodos porque 5 horas y media caminando lo merecen. Visité Trafalgar Square, Covent Garden, la zona de los rascacielos (qué pasadaaaa ¡¡¡menuda arquitectura!!!, es lo que más me ha gustado, contrastes por doquier), el susodicho Tower Bridge, la catedral de San Pablo, el Puente del Milenio (Norman Foster), Big Ben, London Eye... lo típico pero sin entrar en ningún sitio porque para eso están los días malos y además como he ido solo... (lo sé.. resulta ridículo hacerte una foto a ti mismo con el Big Ben detrás jaja, pero nadie se apuntaba...)
En resumen... la primera semana de diciembre del 2008 pasará a ser memorable como este temazo Respecto a lo personal he aprendido que de todas las personas se aprende... lo digo porque conocí a una mujer que después de pasar por un cáncer y ganar un pleito (y con ello mucho dinero) ha decidido irse a Cuba lejos de este frío asesino a vivir la VIDA, que parece que si nadie nos lo recuerda la dejamos pasar sin pena ni gloria.